"Uno es valiente cuando, sabiendo que la batalla está perdida de antemano, lo intenta a pesar de todo y lucha hasta el final, pase lo que pase. Uno raras veces vence, pero alguna vez vence”. Harper Lee, 1960
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Discurso de agradecimiento “Paisano de honor” Valencia de D. Juan 2010

Sr. Alcalde,

Señoras y Señores,

Recibo con profunda emoción y una gratitud sin límites la distinción que me acabáis de conceder. Para el que habla, resulta siempre muy difícil la tarea de traducir los sentimientos que le embargan. No encuentro palabras para describir la gratitud que quiero transmitiros a todos los coyantinos, comenzando por la corporación municipal representada por vuestro alcalde, por la concesión de este título tan entrañable de “Paisano de Honor” de vuestro municipio.

En Valencia de D. Juan los asturianos siempre nos encontramos como en nuestra propia tierra, nos encontramos entre paisanos. Como vosotros, somos hijos del gran pueblo astur que se estableció y creció al cobijo de los valles y de los bosques de la Cordillera Cantábrica, auténtica columna vertebral que nos sostiene y nos abraza, más que nos separa, a los del sur y a los del norte desde nuestra historia más antigua, como reflejan los respectivos apellidos de “augustanos” y “trasmontanos” con el que nos bautizaron los antiguos historiadores, desde Estrabón a Plinio.

Son muchos siglos de historia compartida, de identidad común y de buena vecindad, que permitieron hace casi cien años al gran filósofo Ortega y Gasset referirse como hecho diferencial de nuestras tierras  a “la claridad política de Asturias-Leon . . de la que surge por primera vez la gran política nacional, tras la fundación del reino astur leonés” (1).

Las cada día mejores comunicaciones y los cada vez más intensos flujos de personas que traspasamos con frecuencia los puertos y los túneles de la Cordillera Cantábrica, a los que espero que se una lo antes posible la Variante ferroviaria de Pajares en Alta Velocidad que también proyectó, licitó e inició nuestro gobierno, no hacen más que fortalecer nuestros lazos de paisanaje y de afecto. Quizá por eso, habéis aumentado mis merecimientos con la lupa del cariño, lo que me hace aún más deudor de gratitud hacia vosotros.

La pequeña historia de esta concesión del honrosísimo título de “Paisano de Honor”  con el que hoy me honráis comenzó hace diez años, el 4 de julio de 2000, cuando me reuní en Madrid con el Presidente de Castilla y León, Juan José Lucas, y con su Consejero de Fomento, José Luis Ballvé,  para acordar la colaboración  de la Junta con el Ministerio de Fomento en el desarrollo del Plan de Infraestructuras del Transporte (PIT) 2000-2010 en esta Comunidad Autónoma.

Entre las prioridades que establecimos por consenso figuraba la aceleración de la Ruta de la Plata y, en concreto, la construcción de los 70 Km. de que estaban pendientes para completar los accesos por autovía a León y a Asturias.

Cuatro años antes, en 1996, el primer gobierno de José María Aznar del que formé parte como Vicepresidente 1º había despejado el camino. Primero  anuló el Estudio Informativo y la Declaración de Impacto Ambiental de la autopista de peaje decidida en 1990 que prolongaba hasta Benavente la Autopista del Huerna. Después rehizo dichos documentos, con información pública incluida, para facilitar la construcción de una nueva autovía, sin peaje.

En aquella reunión acordamos el siguiente calendario:

-Redacción y aprobación de los proyectos constructivos antes de julio de 2001.

-Licitación, adjudicación e inicio de las obras de los cuatro tramos en el segundo semestre de 2001, con un plazo promedio de construcción de 24 meses.

-Construcción e inauguración de los 70 Km. antes del 31 de diciembre de 2003.

En los plazos acordados, las empresas proyectistas y las empresas constructoras cumplieron su parte, y el Ministerio de Fomento cumplió la suya. De esta forma, el 15 de diciembre de 2003 entró en servicio la nueva autovía entre Benavente y León.

No olvidaré nunca una pequeña anécdota referida a estos hechos. A las pocas semanas de mi reunión con el Presidente Juan José Lucas, me crucé en los pasillos del Congreso con un diputado leonés recién elegido Secretario General de su partido. Se dirigió a mí, me saludó y me dijo: ”Ministro, no vas a ser capaz de cumplir el acuerdo con el presidente Lucas, pero si lo consigues seré el primero en felicitarte”. El acuerdo lo cumplí escrupulosamente pero la felicitación comprometida todavía no me llegó.

Habíamos invertido en dos años y medio unos 200 millones de euros, o sea, más de 33.000 millones de Ptas., y habíamos completado en un plazo record los accesos radiales por autovía a León y a Asturias. Un reto pendiente en la historia de nuestras infraestructuras de transporte quedó superado.

La Ley del Patrimonio Histórico Español de 1985 obligaba al Ministerio de Fomento a destinar el 1% de los presupuestos de las obras públicas a la conservación o enriquecimiento de este patrimonio, con preferencia en la propia obra o en su inmediato entorno. Conocedor de ello, cuando el calendario de construcción de la autovía avanzaba, el Alcalde de Valencia de D. Juan elevó diligentemente la reglamentaria petición del 1% al Ministerio para continuar la restauración de este espléndido Castillo, y en mayo de 2001 la correspondiente Comisión Mixta copresidida conmigo por la Ministra de Cultura aprobó, como era de justicia,  la asignación de 1,2 millones de euros para poner en marcha el proyecto y la obra, que se adjudicó en setiembre de 2003.

He querido relatar los hechos, siguiendo su orden cronológico, para explicar con la mayor objetividad que el Ministerio de Fomento, al construir la Autovía Benavente-León y al restaurar vuestro castillo, sencillamente, cumplió con su deber. Este premio, en consecuencia, lo recibo como reconocimiento a un deber cumplido.

Un deber cumplido para corregir el retraso en la modernización de las infraestructuras de esta provincia, modernización que se completó por parte del Ministerio de Fomento con la construcción de la Autopista León-Astorga y del aeropuerto de León.

Un deber cumplido para vertebrar el país de los “augustanos” y los “transmontanos”,  las tierras de León con las de Asturias, condición previa y necesaria para hacer efectivo en el conjunto de España el proyecto europeo de convergencia real.

Un deber cumplido para conservar el patrimonio histórico que desde hace más de 6 siglos está depositado en las murallas y en las torres de este castillo de los duques de Valencia de D. Juan.

Permitidme una reflexión final. ¿Por qué fue posible cumplir con nuestro deber, más allá de nuestro compromiso político con nuestro programa y de nuestra capacidad de gestión? Por algo que hoy puede parecer fuera del alcance de nuestra imaginación. Pudimos hacerlo porque desde 1996 el gobierno impulsó una política de esfuerzo, de ahorro y  de sacrificios que estimuló el trabajo colectivo de la sociedad española y le permitió situarse a la cabeza de Europa en la creación de riqueza y empleo. De este modo, el Estado dispuso de recursos suficientes para dotar al Ministerio de Fomento y al resto de las Administraciones Públicas de España de capacidad de inversión para acometer grandes obras necesarias, como la Autovía Benavente-León o la rehabilitación del Castillo de Valencia de D. Juan.

Quiero decir con ello, que el mérito que me atribuís con la concesión del premio de “Paisano de Honor” es un mérito que rebasa el deber del ministerio de Fomento, y que deseo compartir, tanto con todos vosotros como con el resto de los miembros del gobierno del que formé parte y, muy especialmente, quiero compartirlo con su Presidente, José María Aznar.

Al subrayar la paternidad colectiva de los méritos que hoy premiáis en mi persona, también quiero lanzar un mensaje de esperanza y optimismo en los momentos que hoy atravesamos. Ni aquellos tiempos de antaño fueron fruto del azar o hijos de la fortuna, ni los tiempos de hogaño de deben a ningún maleficio o destino fatal.

Las sociedades, como las personas que las integran, al elegir camino también eligen destino. Camino y destino son partes inseparables de todo viaje hacia el futuro. Los españoles, en 1996, elegimos el camino de la utopía frente al conformismo, de la identidad frente a la disgregación, del esfuerzo frente a la comodidad, de la austeridad frente al despilfarro, de la excelencia frente a la mediocridad, del estímulo frente a la subvención, y de la solidaridad frente al clientelismo. Así llegamos al destino de progreso que nos permitió hacer realidad estos grandes proyectos, esta gran ambición, que hoy despierta vuestra gratitud.

Coyantinos:

¡Os agradezco de todo corazón, con emoción incontenible, vuestra amistad y vuestra generosidad!

Y, de la misma forma que la milenaria Ruta de la Plata es imprescindible para llegar aquí, a Valencia de D. Juan, al pie del Castillo de los Duques,

¡Os animo a mirar alto y lejos, buscando el nuevo rumbo!

¡Os animo a seguir mirando alto y lejos, para recuperar el camino que nos permita a todos reencontrarnos con el destino común que soñamos en León y en Asturias !

¡Muchas, muchas, muchísimas gracias de todo corazón!

Francisco Álvarez-Cascos

(1) ORTEGA Y GASSET, JOSÉ. “Discurso en Oviedo”. 1932.

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01/08/2010 a las 14:00
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