por JuanVega

Francisco Álvarez-Cascos, con José Luis Balbín, en Valencia de Don Juan
En Valencia de Don Juan hubo de todo este domingo, gracias al largo y denso programa de actos celebrado en la villa leonesa, y aquello se convirtió en la capital política de Asturias, hasta oscurecer la aparición de Javier Fernández, el candidato socialista pendiente de proclamación, en el tradicional escenario que durante tantos años ocupó José Ángel Fernández Villa en La Camperona, donde volvió a la memoria histórica y responsabilizó al PP del “ladrillazo”. El imponente pasacalles organizado entre el ayuntamiento de la villa leonesa, sede del poder civil y ciudadano, y las pintorescas ruinas del castillo condal, me produjo una gran impresión, por la oportunidad de disfrutar una vez más, y con una especialísima puesta en escena, uno de esos rincones especialmente castizos de la España profunda. Allí todo son contrastes para los asturianos.

Ante el castillo de los Condes de Valencia
Y allí, en medio de aquella castiza celebración, el “Paisano de honor”, con sendas bandas de música y de gaitas marcando el paso, Francisco Álvarez-Cascos, maltratado en su tierra por los que tienen la llave de la sede de su partido político, por los que financian la munición desde plaza de La Escandalera con el dinero de los impositores (véase el trabajito que hace el chico de los recados de Manuel Menéndez), y por quienes convierten su pluma en espada, en lo que se ha convertido en el nido de ametralladoras de la ovetense calle de Calvo Sotelo, fue recibido por las autoridades civiles y militares, en este caso la representacion consistorial de los coyantinos, y la Guardia Civil, que llegó sin Federico García Lorca y sin Antoñito el Camborio. No estaba Antonio Trevín, y eso siempre da una cierta sensación de seguridad.
Cascos apareció, con mucha, mucha gente detrás. Diga lo que diga quien lo diga. Aquello estaba hasta arriba de autobuses desplazados para la ocasión, y sus ocupantes se hacían notar con pancartas. “Todos expulsados del partido”, me dijo por la tarde, en el remanso de asturianía del Hotel Valjunco -una pequeña Asturias en medio del secarral- alguien que no acaba de decidir -al menos ésa es mi impresión-, si a él le conviene o no le conviene, que finalmente se presente Pacocascos. Aquí todos están echando cuentas con los dedos.
Hasta el líder sindical Juan Manuel Martínez Morala, de la Corriente Sindical de Izquierda, salió de su retiro veraniego para ver el espectáculo que se organizó bajo la sombra castellana, en el frondoso parque en el que se leyeron los discursos oficiales, mientras se preparaba el ambiente para el otro discurso, el que allí habíamos ido a escuchar, los que estábamos pendientes del futuro político que aguarda al Principado a la vuelta de la esquina, con elecciones en menos de un año, en las que nos jugamos casi todo, puesto que nos encontramos colgados del precipicio, y columpiándonos.
Puede opinarse lo que se quiera sobre el dicurso del ex vicepresidente del Gobierno, pero es muy difícil sostener que no fue intenso, extraordinariamente político por su prudencia, contundente en la respuesta al ataque recibido, sin citar ni un nombre, y magistral en el planteamiento de las fichas sobre el tablero. Es difícil quitarle méritos a quien tuvo la inteligencia de llegar hasta aquí sin disparar ni un tiro, y ha sabido zafarse de quienes le dejaron caer una bomba atómica encima del cogote, cuando pretendieron prohibirle presentarse a un cargo para el que no se había postulado, por eso tenía muy difícil abrir la boca.
Acostumbrados a la mediocre pluma, por no decir, a la cutre puesta en escena habitual por estos pagos, brillaron especialmente algunas pinceladas magistrales como ésta, dedicada a la empresa de comunicación que se encarga de fabricar opinión, para hacer opinión pública desde la información convertida en opinión publicada:
Estas campañas mediáticas las padecimos siempre. Las calumnias de la llamada “brunete mediática” proliferaron antes de las elecciones y ganamos, a pesar de ellas, en 1996 y en 2000. Nada nuevo; es la vieja España que denunciaba Ortega, nada más y nada menos. Pero ya avisó el clásico: “aquel hombre que pierde (con sus calumnias) la honra por el negocio, acaba perdiendo el negocio y la honra”.
¡Toma ya! Unos toquecillos sobre la desactivacion de la burrobomba que le tiraron encima:
Nos propusimos construir una organización fuerte y jerarquizada, codo con codo con miles de compañeros, donde los órganos de gobierno se reunieran, debatieran y decidieran respetando las reglas, porque en las organizaciones democráticas, las formas son cuestión de fondo.
Y claro, qué difícil es negar el derecho que todos tenemos a participar en política, que se canaliza constitucionalmente a través de partidos que tienen la obligación de ser democráticos, respetando sus propios estatutos:
…nos transformamos en un partido ganador porque nos convertimos en “representadores”, no en “redentores”; porque nos vacunamos contra el fulanismo de tan malos recuerdos históricos; porque desterramos las funestas camarillas para trabajar colectivamente en equipos compenetrados; y porque nos propusimos ganar elecciones en la calle y no nos limitamos a ganar congresos en nuestras sedes.
Qué complicado es pretender que un partido acostumbrado a ser una colonia de vacaciones para sus dirigentes, pueda negarle la posibilidad de intentar ganar unas elecciones, a quien la calle apunta como un gran candidato, justificándose con un argumento tan peregrino, como el que se apuntó estos días, con la teoría del “candidato de perfil bajo”:
La selección de los equipos, la competencia entre tal o cual persona dentro de las normas de funcionamiento interno, digan lo que digan los calumniadores, nunca es causa de división en un partido democrático. Al contrario, es un estimulante formidable de la “unidad” de un partido.
La referencia a la política asturiana, muy pertinente, pues aquí nadie habla de semejante cosa, en un momento, en el que la política, y especialmente la economía política, lo es todo, el ser o no ser, la supervivencia o la ruina. Cascos dedicó este pildorazo final, a sus adversarios socialistas:
Porque Asturias, en esta última década de gobierno socialista, ha desaparecido de la política española, ha retrocedido en población, en actividad, en nivel de vida, en calidad democrática e, incluso, en prestigio y reconocimiento nacional, ya que de ser una región pionera en las letras y en las artes, en la economía y en la industria españolas, ha pasado al furgón de cola de la vida nacional.
En definitiva, aceptó iniciar la carrera por la designación como candidato, ignoró olímpicamente la existencia de acuerdo alguno que pueda considerarse válido para descartarle, responsabilizó a sus contrarios internos de crear un conflicto del que mal pueden acusarle, pues hasta este domingo no abrió la boca, exigió respeto a las formas y a los procedimientos democráticos, y señaló hacia los socialistas como el objetivo a batir por su partido, ofreciéndose a participar en un proceso limpio de selección de candidatos.
Quienes esperaban que se suicidase desenterrando el hacha de guerra quedaron defraudados, y quienes no saben hacer un discurso incisivo y duro, sin llamar joputa a nadie, se vieron con dos palmos de narices. En definitiva, se lo va a poner muy, pero que muy difícil a los conjurados, con lo que crecen las esperanzas de que Javier Fernández -candidato sin primarias-, en contra de lo que estaba pactado, pueda encontrarse enfrente con un oponente que tenga posibilidades de ganarle las elecciones, algo que sin duda es muy sano para la democracia, y muy mala cosa para la entente transversal que intenta cerrarle el paso.
http://elcomentario.tv/escandalera/juanvega/cascos-defraudo-a-los-que-esperaban-que-se-suicidase-politicamente-en-valencia-de-don-juan/02/08/2010/
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