Cascos tilda de “perversa” la acusación del PP asturiano de “desunir” al partido

Recuerda que «los que rompen la unidad no son los que proponen algo, sino los que prescinden de toda deliberación».
02/08/2010 REBECA CASTIÑEIRA
Era el día esperado entre sus afines después de dos semanas de silencio ante el comunicado de la dirección regional del partido. Todos los ojos estaban puestos en Valencia de Don Juan y el ex secretario general hizo gala de su discurso para replicar lo que tildó de “calumnia más perversa y falsa”. Así se referió, entre aplausos de sus seguidores, a la crítica escrita hacia su persona, en la que se le responsabilizó de “desunir” a la organización y de provocar la ruptura con Sergio Marqués en 1998. Francisco Alvarez-Cascos no se anduvo por las ramas. Primero, con teoría: “Un partido unido es un partido organizado, o sea, en el que funciona la deliberación previa y se respetan posteriormente los acuerdos de los órganos”, añadió. Y fue un poco más allá: “Unidad no significa uniformidad o unanimidad”.
Acompañado por unos 345 afiliados y simpatizantes, entre ellos 8 alcaldes asturianos, seis diputados y, una vez más, la síndica Mercedes Fernández, recordó que “no conozco ninguna reunión o acuerdo de un órgano estatutario del partido donde se haya planteado una propuesta que yo deba responder”. De esta forma, evitó pronunciarse sobre si se presentará como candidato a las próximas elecciones en el Principado, porque, como él añadió, “el silencio es la única respuesta cabal a una pregunta inexistente”.
Empleó términos como “perversa y falsa” para rechazar la “calumnia” vertida por la cúpula del PP asturiano y cuatro de sus principales juntas locales. El ambiente en la sala crecía a medida que su discurso se centraba en lo que algunos quería oír del ex secretario general. Pero su experiencia también aconsejó prudencia, y en ningún momento citó a ninguno de los que ahora, con nombres y apellidos, se oponen abiertamente a su regreso a la política activa. Apeló al “silencio cabal” que, a su juicio, vale más que 1.000 palabras para no responder lo que calificó como “preguntas inexistentes” al referirse a su posible candidatura, y atacó sin rodeos a los que “rompen la unidad, que son los mismos que prescinden deliberadamente” de los órganos de decisión del partido e “imponen caprichosamente sus conveniencias particulares”. El público seguía aplaudiendo cada una de sus palabras y a más de uno le hubiese gustado que algún miembro de la dirección firmante del acuerdo del pasado 14 de julio estuviera en la sala.
No defraudó, aseguraron la mayoría de los asistentes, en una jornada muy esperada. Primero, con la entrega del galardón de ´Paisano de Honor´ del Ayuntamiento de Valencia de Don Juan, premio, por cierto, conseguido por las gestiones de su colaborador y diputado nacional Isidro Fernández Rozada, que recibió este mismo título hace 12 años. Formaba parte del plan del desembarco en Asturias, aunque ahora la hoja de ruta ha variado por el rechazo frontal de los pesos pesados de la derecha asturiana. Al lado de pancartas, y en procesión, llegaron hasta el castillo coyantino. Allí recibió un cuadro del enclave del siglo XV, agradeció el respaldo de su corporación, se emocionó incluso con el sonido de la gaita y recordó, uno a uno, las acciones de su etapa en el Gobierno de José María Aznar, a quien dedicó igualmente el premio. Ahí mantuvo el tipo institucional para no mezclar su crítica política, que vino más tarde, con el galardón municipal que, por cierto, generó cierta suspicacia al romper la tendencia de los últimos años de reconocer a asturianos que llevan varias décadas de veraneo.
En su primera intervención, soportada de forma estoica por sus acólitos por la alta temperatura, aprovechó para rescatar el discurso de partido que ahora no le dejan hacer en Asturias. Consideró que el objetivo es que el PP de Mariano Rajoy sea un “partido ganador”, como sucedió en España en el año 1996 y 2000. Apeló a la historia de su partido y a su participación en ella, para dar un consejo a los que ahora tienen la obligación de decidir: “Pensábamos que para ganar era imprescindible unir al electorado, comenzando por unir interiormente el partido”. El destinatario tenía la dirección marcada en la sede de Manuel Pedregal, en Oviedo. Incluso les espetó que las elecciones se ganan en la “calle” y que no vale sólo vencer en los congresos del partido. Muchos se sonrieron y dibujaron en el aire el rostro de Ovidio Sánchez, que lleva tres elecciones consecutivas perdidas contra Vicente Alvarez Areces.
En su jornada leonesa dejó algunas pinceladas de su discurso electoral, citando siempre su compromiso con la dirección nacional de los populares –no habló nunca de la regional– y repasó los principales problemas que, a su juicio, tiene el país víctima de una “crisis de valores democráticos y económicos”. No dudó de que en Asturias, a su juicio, la situación es “más apremiante”, porque, en la última década, se “ha retrocedido en población, actividad, en nivel de vida e incluso, en prestigio y reconocimiento nacional”. Entonces, sacó una frase del armario para reivindicar “el orgullo de ser asturianos”. Así remató el día.
http://www.lavozdeasturias.es/noticias/noticia.asp?pkid=565191
02/08/2010 a las 13:48 Comentarios (0)








